lunes, 29 de julio de 2013

FORMAS SIMBÓLICAS


Uno de los aspectos más interesantes de la reacción antipositivista del s. XX fue el retorno a Kant. Rechazando la solución irracionalista (--> Irracionalismo), la corriente neokantiana confirma de nuevo la confianza en la ciencia y en la visión tradicional del hombre (de la mujer) como ser racional. Por otra parte, sin embargo, rechaza también la afirmación positivista del carácter absoluto de la ciencia, contra la que propone de nuevo el espíritu del criticismo kantiano: es decir, la llamada a no traspasar los límites de la experiencia, la clara distinción entre saber fundado e infundado y, sobretodo, la afirmación de la importancia que el sujeto (la sujeto) ejerce en el acto de conocer. Contra toda forma de dogmatismo se busca de esta forma recuperar la filosofía como reflexión crítica, capaz al mismo tiempo de fundar la validez de la ciencia y de reconocer sus límites.

Ciertamente, proponer de nuevo la doctrina kantiana implica una actualización de los términos: hoy, el concepto de <razón> ya no puede ser el utilizado por Kant hace más de dos siglos. En su Ensayo sobre el Hombre (la mujer incluida) (1944), E. Cassirer sugirió situar en el centro la noción de forma simbólica: <La razón es un término poco adecuado si se quiere abrazar en toda su riqueza y variedad las formas de la vida cultural del hombre (de la mujer). Estas formas son esencialmente formas simbólicas. En lugar del definir al hombre (a la mujer) como animal racional, se debería definir como animal simbólico (a)>. Según Cassirer, no se trata de una actividad accesoria o eventual de la mente humana, sino de su característica constitutiva: en la Filosofía de las Formas Simbólicas (1929) sugirió que no solamente el mito, el arte, la religión y el lenguaje, sino también la ciencia y todo el Universo cultural del hombre (de la mujer), son grandiosas elaboraciones simbólicas.

El efecto de este análisis, en coherencia con el espíritu del kantismo, es el de salvar la validez del saber científico (dado que existen formas simbólicas casi universales en el género humano, estrechamente dependientes de su conformación biológica) y, al mismo tiempo, relativizarlo (pues la atribución de un significado a un símbolo sigue siendo una operación aleatoria y dependiente de la cultura del sujeto (de la sujeto). Incluso lo que en el seno de cada civilización parece más objetivo y no opinable (por ejemplo, la sensación visual del espacio) resulta siempre determinado históricamente. Partiendo de este punto de vista, el historiador del arte E. Panofsky (también seguidor del movimiento kantiano) ha demostrado cómo la percepción de la perspectiva (-->) es una construcción simbólica (y por lo tanto convencional, no natural e instintiva).

El hecho de que la perspectiva aparezca hoy como la <verdadera> (objetiva) descripción del espacio significa solamente que <a través de la actividad simbólica, el hombre y la mujer, en lugar de relacionarse con la realidad, con las cosas mismas, están, en cierto sentido, dialogando continuamente consigo mismos. Se han rodeado de formas lingüísticas, imágenes artísticas, símbolos míticos y ritos religiosos hasta tal punto que no pueden ver y conocer nada más si no es a través de esta medición artificial>.